 ¿Cuál es la concepción de ciudad educadora en la que se enmarca el programa?
Primero que todo, la ciudad puede ser entendida como un “espacio físico” donde se aglomeran grandes poblaciones y, de otro lado, es un “espacio social” en constante recomposición. Su construcción, entonces, no sólo es física sino también del orden de lo social, de unas formas de sociabilidad que se han caracterizado en Occidente como propias de la urbe.
Al pensar la ciudad en “clave pedagógica”, supone identificar y comprender las lógicas y prácticas educativas propias de la ciudad: un amplio abanico de procesos de aprendizaje, formación y socialización del que participan los sujetos y colectivos urbanos a partir de la vida citadina que les es propia.
Tal como lo consagra la Carta de Ciudades Educadoras, la ciudad educadora ha de ejercitar y desarrollar esta función paralelamente a las tradicionales (económica, social, política y de prestación de servicios), con la mira puesta en la formación, promoción y desarrollo de todos sus habitantes. Atenderá prioritariamente a los niños y jóvenes, pero con voluntad decidida de incorporación de personas de todas las edades a la formación a lo largo de la vida. Las ciudades educadoras, con sus instituciones educativas formales, intervenciones no formales (con intencionalidad educativa fuera de la educación reglada) e informales (no intencionales ni planificadas) colaborarán, bilateral o multilateralmente, para hacer realidad el intercambio de experiencias.
La Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, entiende por su parte, la Ciudad Educadora como una estrategia de desarrollo humano y social sostenido, considerando la educación como la base fundamental, como el insumo permanente y como la función que tiene la responsabilidad de preparar y formar para las otras funciones sociales. En este concepto, la ciudad en toda su extensión es la instancia en donde ocurre y se centra el fenómeno educativo.
En la Ciudad Educadora la tarea pedagógica no se circunscribe a lo formal, ni a una educación explícita, ni de títulos, practicada a ciertas horas, en ciertos lugares, sino que se abre a la ciudad en toda su complejidad de tal manera que, como en la polis griega, la verdadera escuela sea la ciudad misma.
Finalmente, y haciendo eco de las palabras de Gómez Granell, es necesario superar aquella idea de ciudad educadora que muchas veces ha quedado reducida a la de ciudad como un recurso educativo para la escuela: itinerarios, visitas a museos, actividades diversas, etc. “Tenemos que pasar definitivamente de una “pedagogía de la ciudad” a la idea de “la ciudad como pedagogía”, en que cada agente –empresas, museos, medios de comunicación, familias, asociaciones, urbanistas y planificadores- asuma su responsabilidad educativa, sea capaz de hacer su currículo educativo”.
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