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Este
es un colegio Distrital en el cual unas pocas niñas son altaneras, no sólo
con sus compañeras y amigas, sino también con profesores. Esto es un problema
grave, ya que refleja la educación que les brindan sus padres y círculo de
personas que las rodean.
En algunos
casos esto se debe al mal ejemplo que reciben de sus padres (violencia
intrafamiliar, discusiones, abusos físicos, morales e incluso sexuales); o
también, por las malas influencias de sus amigos, “si se pueden llamar así”,
al brindarles droga, licor, en fin... muchas sustancias nocivas para la
salud, las cuales les van generando un aumento en la ansiedad y pérdida de valores humanos, éticos y
cristianos.
De otra parte
es necesario recordar que vivimos en un país donde la guerra y el conflicto permanentes
son el pan de cada día; y esta situación parece repetirse en nuestras
escuelas y colegios donde muchas veces los estudiantes se convierten en
factores generadores de violencia, puesto que en muchos de estos casos y por
cosas a veces insignificantes entran en pleitos y discusiones que no conducen
a nada bueno, y por el contrario
fomentan la indisciplina, el poco compañerismo y la intolerancia.
Por tanto, estas niñas deben aprender a ser
menos agresivas, a ser más tolerantes y a tener mejor comunicación y respeto
con las demás personas; pues hay que saber que si este conflicto sigue; más
adelante, el colegio se va ha ver afectado en su imagen.
Para terminar
se me ocurre que en el colegio Clemencia de Caycedo podríamos bajar los
índices de agresividad entre las niñas poniendo en práctica:
a.
Una
mejor comunicación entre las estudiantes, entre ellas y los docentes.
b.
Desarrollando
más programas de formación en valores.
c.
Haciendo
convivencias y programando encuentros juveniles donde a las niñas se les inculque
la importancia del compañerismo, del respeto y la tolerancia.
d.
Haciendo
escuelas de padres donde se les oriente sobre la educación que le deben dar a
sus hijos.
e.
Programando
charlas y encuentros que nos orienten un poco más sobre los valores que se han
ido perdiendo.
Finalmente,
las niñas del Clemencia de Caycedo debemos ser conscientes de que una buena
convivencia es la mejor forma de crecer en armonía y formarnos como mujeres
íntegras, a quienes necesita nuestro país.
LISET VERÓNICA HERRERA HOYOS
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